September 4, 2026

Cristo, la piedra angular

La Madre Teresa nos llama a amar a Dios y a los demás, incluso en medio de nuestras dudas

Archbishop Charles C. Thompson

Mañana, sábado 5 de septiembre, se celebra el memorial de santa Teresa de Calcuta.

Esta mujer, a quien veneramos como una santa de nuestros tiempos, nació como Agnes Gonxha Bojaxhiu el 26 de agosto de 1910 en Macedonia del Norte. Ingresó a la Congregación de las Hermanas de Loreto y tomó el nombre religioso de “Teresa.”

En 1946, sintió un “lamado dentro de un llamado” y comenzó una vida radicalmente nueva al servicio de “los más pobres entre los pobres,” inicialmente en la India y, con el tiempo, a través de la congregación religiosa que ella misma fundó (las Misioneras de la Caridad), la cual atendía a los pobres en diversas regiones del mundo.

La Madre Teresa fue una mujer santa que conoció ambos extremos: el dolor intenso y la gran alegría. Describió la fuente de su alegría como un contacto íntimo con Jesús, tanto en los rostros de las personas indigentes y moribundas a quienes servía como en la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Fue un poderoso ejemplo de compasión cristiana expresada a través del servicio práctico. Recibió reconocimiento internacional como modelo de caridad cristiana, y su ejemplo inspiró a muchas otras personas a ir más allá de las preocupaciones egocéntricas y volcarse en la empatía, el servicio gozoso y el amor por los que sufren. Su vida reflejaba de manera muy concreta la enseñanza de Jesús de que la compasión y el cuidado de los necesitados constituyen el núcleo del discipulado cristiano, en particular la identificación que Jesús hizo de sí mismo con “los hermanos míos más pequeños” en Mateo 25:40.

La Madre Teresa consideraba a los pobres como personas dotadas de una profunda dignidad y a quienes los cristianos están llamados a amar porque Dios los ama. Ella veía en los rostros de las personas a quienes servía el rostro de Jesucristo, y encontraba una inmensa alegría al servir a su Señor a través de los pobres y los necesitados. Su ejemplo ayudó a muchas personas a comprender que el servicio al prójimo necesitado, ya sea en lo material o en lo espiritual, puede transformar a quien sirve, además de beneficiar a quienes reciben su ayuda.

Pero la Madre Teresa también fue una persona que experimentó ansiedad, dudas y oscuridad espiritual. La Iglesia la presenta como un ejemplo de perseverancia en la fe en medio del sufrimiento espiritual. Sus propios diarios revelan que atravesó una prolongada “noche oscura del alma”—un período de profunda sequía interior y aparente distanciamiento de Dios—mientras continuaba sirviendo con confianza y fidelidad. Hacia el final de su vida, los testigos relataron que esta oscuridad se disipó y que ella se mostraba alegre y radiante, regocijándose por lo que Dios había logrado a través de ella, especialmente en el ministerio de las Misioneras de la Caridad.

¿Cómo es posible que una persona de gran fe y caridad como la Madre Teresa pudiera batallar contra la duda, la ansiedad y el temor de haber sido abandonada por Dios? ¿Por qué reconocemos en su sufrimiento las marcas de la santidad?

Cada santo es un ícono, la imagen de Jesucristo; cada mujer y cada hombre santo―independientemente de que haya sido declarado oficialmente santo por la Iglesia (canonización) o que haya vivido una vida de santidad y bondad ocultas―representa una o más facetas de la personalidad de Jesús. Ningún santo refleja a la perfección la vida de Jesús, pero cada uno refleja varios aspectos de la Luz Divina que es Cristo.

La Madre Teresa sin duda reflejó el amor y el cuidado de nuestro Señor hacia los pobres. Su vida pública y su ministerio reflejaron magníficamente el poder sanador y la bondad amorosa de Jesús.

Pero en su vida personal, también nos brindó una imagen desgarradora de aquellos momentos—como la agonía en el huerto—en los que Jesús luchó contra la duda y la desesperación. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” es la oración del Salmo 22 que Jesús recitó en la cruz. Es una sensación de abandono que también expresó la Madre Teresa durante los momentos oscuros registrados en sus diarios.

A través de Santa Teresa de Calcuta, podemos ver a Jesús. Podemos experimentar en cierta medida su poder sanador, su cuidado compasivo hacia los enfermos y moribundos, su disposición a perdonar los pecados y a acoger a los pecadores en la alegría de su hogar celestial.

Y sí, en esta mujer profundamente espiritual también podemos comprender cuánto sufrió Jesús, tanto mental como físicamente. Compartió su angustiante sensación de abandono, y el intenso sufrimiento que pudo presenciar en las personas moribundas y desamparadas de las calles de Calcuta—en cuyos rostros veía el rostro de Jesús—la conmovía profundamente.

Honramos a santa Teresa de Calcuta porque ella nos ayuda a comprender lo que significa tomar nuestra cruz y seguir a Jesucristo. Ruega por nosotros, Madre. Ayúdanos a encontrar alegría en el servicio a quienes son pobres espiritual y materialmente. Enséñanos a soportar nuestro sufrimiento, como tú lo hiciste, confiados en que la alegría de Cristo siempre vence nuestras penas. †

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