Uno en Cristo / Daniel Conway
El Santo Padre aconseja que nos dejemos inspirar por la humildad de la Santísima Virgen María
La primera encíclica del papa León XIV se titula “Magnifica Humanitas: sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.” Se trata de una reflexión contundente sobre la dignidad incomparable de la persona humana, creada a imagen y semejanza del Creador.
La presencia del papa León XIV en el debate sobre la inteligencia artificial es bienvenida; su voz es particularmente contundente, sobre todo cuando explica las implicaciones morales de esta tecnología cada vez más poderosa a la luz de la doctrina social católica.
Resulta significativo que las secciones finales de “Magnifica Humanitas” (#243-245) reflexionen sobre el Magnificat, el canto de alabanza entonado por la Santísima Virgen María cuando visitó a su prima Isabel (Lc 1:46-55). “Alaba mi alma la grandeza del Señor” (Lc 1:46), canta María. “Y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava. Desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre” (Lc 1:47-49).
El papa León considera que la grandeza de María es un signo de la dignidad que Dios destina a todos los miembros de la familia humana. No es casualidad que el Creador de toda la humanidad haya elegido a “una joven pobre y humilde para su plan de salvación” (#243); esto revela la preferencia de Dios. La situación del mundo en la época de María era muy similar a la actual. El poder político subyuga a la gente común, y el poder económico ejerce un control rígido sobre la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo.
Y, sin embargo, todo ha cambiado desde que María aceptó con humildad su papel en la historia de la salvación, desde su “sí” a la Palabra de Dios. Tal como escribe el Santo Padre:
Dios ya ha hecho proezas con el poder de su brazo, ya ha dispersado a los soberbios, ha derrotado a los poderosos, ha elevado a los humildes, ha colmado de bienes a los hambrientos y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Él ya ha auxiliado a Israel, su siervo. Dios «se pone de parte de los últimos. Su proyecto a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan “los soberbios, los poderosos y los ricos.” Con todo, está previsto que su fuerza secreta se revele al final.” (#243)
A través de María, la dignidad humana se revela en todo su esplendor. La Luz del Mundo, que se esconde en su vientre, resplandece con fuerza, y la Verdad—que es Dios encarnado—habla de tal manera que todos aquellos que tienen oídos para escucharla quedan profundamente conmovidos.
El papa León reflexiona sobre el papel de María en la historia de la salvación. Al respecto, comenta:
La Virgen María no sólo nos enseña a ver la obra invisible de Dios, sino que dirige también nuestra mirada “a los puntos de fractura de la humanidad, allí donde se produce la distorsión del mundo, en el contraste entre humildes y poderosos, entre pobres y ricos, entre sacios y hambrientos,” enseñándonos «a adquirir un punto de vista diferente para mirar el mundo desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes; para ver la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos; para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del huérfano, del extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo. (#244)
Es evidente que el concepto que Dios tiene de la “magnífica humanidad” es muy diferente de lo que el mundo entiende por ello. María es una “sierva humilde,” no una persona de poder. Se pone del lado de los pobres y los hambrientos, y no del de aquellos cuyos apetitos han sido saciados. Ve el mundo con los ojos de quienes sufren, y comprende lo que significa ser verdaderamente humano desde la perspectiva de los humildes.
“Encomiendo este deseo a la Madre de Cristo, a la mujer del Magníficat, para que acompañe nuestros pasos en el presente que cambia y custodie en cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios.” (#245)
El papa León se refiere a María como “tejedora de esperanza” (#245). Es una persona que aprovecha y transforma las materias primas de la vida: sus penas y dificultades, así como sus alegrías. Da testimonio de la grandeza de Dios a través de la humildad de su propia vida.
Que sus experiencias como mujer de fe, esperanza y amor nos inspiren a “custodiar a la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial,” para que la grandeza de nuestra humanidad prevalezca sobre las ventajas prácticas del poder político y económico.
(Daniel Conway es integrante del comité editorial de The Criterion.) †