June 26, 2026

Cristo, la piedra angular

La inteligencia artificial debe defender la dignidad humana

Archbishop Charles C. Thompson

En su primera encíclica, “Magnifica Humanitas: sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial,” el papa León XIV confirma que, cuando se trata de cuestiones sociales, la Iglesia católica es, ante todo, defensora de la dignidad humana.

Este es el principio más fundamental de la doctrina social católica: Que el ser humano está hecho a imagen y semejanza de su Creador y, por eso, nunca puede reducirse a un mero instrumento de eficiencia o productividad.

El respeto a la dignidad humana es el núcleo de la doctrina de la Iglesia porque refleja quiénes somos y en quiénes estamos llamados a convertirnos, como hermanas y hermanos de Jesucristo, unidos en una sola familia humana por el poder del Espíritu Santo. “Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor”—escribe el Santo Padre—“el ser humano es tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse más que como una criatura llamada a la relación y a la comunión” (#112).

La Iglesia enseña que la inteligencia que Dios nos ha dado es mucho más que un simple cálculo (lo que pueden hacer las computadoras y las máquinas). La inteligencia humana incluye la autoconciencia, el razonamiento abstracto, la moralidad, la empatía, la conciencia trascendental, la espiritualidad y la percepción de la belleza y la verdad.

La inteligencia artificial (IA) puede procesar datos e imitar ciertos comportamientos humanos, pero no puede comprender realmente lo que procesa, ni poseer una verdadera comprensión de lo humano, ni alcanzar la autoconciencia y el libre albedrío. Por muy sofisticadas que sean, las máquinas no pueden experimentar emociones, empatía, deber moral ni vivencias religiosas. Son, como su nombre indica, artificiales. Independientemente de su habilidad o eficiencia, son meras imitaciones de lo auténtico: la inteligencia humana genuina.

Como son artificiales, los dispositivos y procesos que llamamos IA pueden ayudar en el trabajo humano, pero nunca podrán reemplazar el intelecto, la capacidad moral ni la trascendencia espiritual de la persona humana. Esto es especialmente importante a la luz de la doctrina social católica sobre el trabajo, que defiende la dignidad del oficio, los derechos de los trabajadores, los salarios justos, las condiciones laborales humanas y el derecho a organizarse. La doctrina social católica insiste en que la tecnología debe fortalecer el florecimiento humano, no erosionar la dignidad de los trabajadores ni convertirse en un sustituto de la responsabilidad humana.

Se anima encarecidamente a los católicos, y a todas las personas de buena voluntad, a leer “Magnifica Humanitas” y a reflexionar sobre la importancia de sus perspectivas morales y espirituales. El papa León aborda una amplia gama de cuestiones sociales y riesgos éticos en su análisis de la inteligencia artificial.

Entre ellos se incluyen la posibilidad de sesgos en los datos de entrenamiento y los algoritmos, la manipulación de la opinión pública, la falta de transparencia en la toma de decisiones, las violaciones de la privacidad, la vigilancia intrusiva, las filtraciones de datos, los ciberataques y la posibilidad de que poderosas oligarquías controlen la información. Otras preocupaciones son la degradación de la creatividad, el posible fracaso de la expresión inteligente y el buen juicio, y el debilitamiento de las relaciones interpersonales genuinas.

Por estas razones, el Santo Padre nos advierte que, sea cual sea la forma que adopte, la inteligencia artificial requiere cautela, rendición de cuentas y una gobernanza responsable. También advierte con respecto al riesgo de “control social que la recopilación masiva de datos y el uso de sistemas algorítmicos hacen posible.” En este sentido, escribe:

“Cuando cada gesto deja huellas―desplazamientos, compras, relaciones, preferencias―se crea un poder nuevo: el de perfilar, prever y orientar los comportamientos, a menudo sin que las personas tengan plena conciencia de ello. Si estos datos se utilizan para tomar decisiones que inciden en oportunidades concretas (acceso al crédito, selección de personal, servicios), existe el riesgo de socavar la libertad y discriminar a los más vulnerables.” (#171)

La doctrina de la Iglesia sostiene que toda persona humana posee una dignidad intrínseca y trascendente.

Partiendo de este fundamento, la Iglesia enseña que la dignidad humana es equitativa, universal e inalienable: pertenece a todo ser humano, no porque el Estado la conceda, sino porque está arraigada en la naturaleza humana y en el acto creador de Dios. Por eso la Iglesia rechaza cualquier intento de considerar que unas vidas valen menos que otras. Cada individuo debe ser tratado como una persona y debe ser protegido de la injusticia, especialmente de la muerte, la esclavitud, el genocidio y la explotación.

La dignidad humana también fundamenta los derechos naturales. Estos derechos existen para proteger al individuo y promover el bien común, y el Estado está obligado a defenderlos. Por lo tanto, la Iglesia enseña que ninguna autoridad civil puede quitar o negar la dignidad humana sin causa justa, y que las leyes contrarias a los derechos naturales violan el orden moral.

El papa León enseña que la inteligencia artificial es moralmente aceptable como herramienta, pero debe estar subordinada a la dignidad humana, la verdad, la justicia, el bien común y la protección de las personas y los trabajadores.

La IA puede ampliar las capacidades humanas y contribuir positivamente al bienestar de la humanidad, pero los dispositivos dotados de inteligencia artificial nunca pueden sustituir a una persona humana y nunca se debe permitir que disminuyan la magnificencia de nuestra humanidad dada por Dios. †

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